La medida, vigente desde septiembre, ha revelado una brecha generacional sorprendente mientras transforma la cultura escolar en la ciudad.
La implementación de la prohibición de teléfonos celulares en las escuelas de Nueva York ha sacado a la luz una carencia inesperada: muchos estudiantes no saben leer la hora en relojes tradicionales con manecillas.
«Es una habilidad importante que no están acostumbrados a usar para nada», explicó Tiana Millen, subdirectora de la Escuela Secundaria Cardozo en Queens, en declaraciones a Gothamist.
Según el sistema escolar de la ciudad, los estudiantes deberían aprender a leer la hora en primero y segundo grado. Sin embargo, en un mundo cada vez más digital, parece que han perdido la práctica.
«El estribillo constante es ‘¿Señorita, qué hora es?'», describió Madi Mornhinweg, profesora de inglés en Manhattan. «Es frustrante porque todos quieren saber cuántos minutos quedan de clase. Llegué al punto de responder: ‘¿Dónde está la manecilla grande y dónde está la pequeña?'»
Más interacción, más espíritu escolar
Más allá de esta revelación, tanto estudiantes como profesores han notado cambios drásticos en la cultura escolar desde que la prohibición —respaldada por la gobernadora Kathy Hochul y el sindicato de maestros— entró en vigor en septiembre.
Los observadores reportan un florecimiento de la interacción cara a cara: desde deportes durante el recreo hasta conversaciones más animadas en el comedor.
«Hemos tenido mucho más espíritu escolar. La gente está más dispuesta a hacer cosas», comentó Rosalmi, estudiante de último año en New Heights Academy Charter School, en Harlem, a New York Magazine.
Los estudiantes han adoptado actividades clásicas como dominó, juegos de mesa, cartas y deportes. «El dominó es un juego básico dominicano. La gente se apasiona. ¡Tienes que golpear esa primera ficha sobre la mesa!», añadió Rosalmi.
Reacciones mixtas y formas de evadir la norma
No todos están completamente conformes. Algunos estudiantes han intentado sortear la prohibición con dispositivos alternativos como iPods antiguos o walkie-talkies.
«Tengo una relación de amor-odio con esto», reconoció Raisa Ibnat, de 16 años, estudiante de Brooklyn Tech, al New York Times. «Me gusta que mi teléfono esté guardado y estoy más concentrada en clase. Pero no me gusta que no pueda hacer mi tarea en la escuela ni tomar notas. Y como tengo un viaje largo, ahora tengo que traer como cinco cuadernos».
Una tendencia nacional en expansión
La experiencia de Nueva York forma parte de un movimiento más amplio en Estados Unidos. Al menos 31 estados y el Distrito de Columbia ya cuentan con algún tipo de restricción de teléfonos en escuelas.
California se sumará próximamente con su Phone-Free School Act, que exige a cada distrito desarrollar una política antes de julio de 2026.
Antes de la prohibición estatal, algunos distritos como Schoharie, Nueva York, ya habían implementado sus propias restricciones desde 2022, con resultados positivos en la socialización entre estudiantes.











